Existe una idea bastante extendida sobre la terapia de pareja: que se acude cuando la relación está prácticamente rota.
Cuando las discusiones son constantes. Cuando ha ocurrido una infidelidad. Cuando uno de los dos está pensando en separarse. O cuando parece que ya se han intentado todas las soluciones posibles.
Y, efectivamente, muchas parejas buscan ayuda en momentos de crisis.
Pero no es necesario esperar a llegar a ese punto para acudir a terapia de pareja.
A veces el problema no es que una pareja haya dejado de quererse, sino que ha ido desarrollando formas de comunicarse, reaccionar o resolver los conflictos que terminan generando cada vez más distancia.
Detectar esos patrones antes de que estén muy instaurados puede facilitar el trabajo terapéutico.
¿Cuándo tiene sentido acudir a terapia de pareja?
No existe un momento concreto que determine cuándo una pareja debería pedir ayuda.
Tampoco el número de discusiones es necesariamente un buen indicador.
Hay parejas que discuten con frecuencia y consiguen resolver adecuadamente sus conflictos. Otras apenas discuten, pero llevan mucho tiempo evitando hablar de cuestiones importantes.
Por eso, más que preguntarnos cuánto discute una pareja, nos interesa conocer qué ocurre entre ambos cuando aparece una dificultad y qué consecuencias tiene esa manera de afrontarla.
Hay algunas situaciones que pueden indicar que sería útil realizar una valoración.
Cuando siempre termináis discutiendo por lo mismo
A veces cambia el motivo, pero la discusión resulta sorprendentemente parecida.
Puede empezar por las tareas de casa, el dinero, los horarios, los hijos, las familias, el teléfono móvil o los planes del fin de semana.
Sin embargo, poco después ambos sienten que están teniendo la misma discusión de siempre.
Uno puede insistir cada vez más porque siente que el otro no le escucha. El otro puede sentirse atacado y terminar defendiéndose, alejándose o dejando de hablar.
Cuanto más persigue uno una respuesta, más se retira el otro. Y cuanto más se retira uno, más insiste el otro.
Con el tiempo, este tipo de interacción puede convertirse en un patrón que aparece casi automáticamente.
En terapia de pareja no nos interesa únicamente determinar quién tiene razón en la discusión, sino comprender qué está ocurriendo entre ambos y qué mantiene ese ciclo.
Cuando hablar de determinados temas se ha vuelto muy difícil
También puede ocurrir lo contrario: que prácticamente hayáis dejado de discutir.
Hay temas que simplemente ya no se mencionan porque ambos sabéis cómo terminará la conversación.
“Mejor no digo nada.”
“No merece la pena volver a hablar de esto.”
“Cada vez que saco el tema acabamos igual.”
Evitar una conversación puede reducir el conflicto a corto plazo.
Pero si los problemas importantes quedan sistemáticamente sin resolver, es posible que empiecen a acumularse frustración, resentimiento o distancia.
Una parte importante del trabajo terapéutico puede consistir en aprender a abordar esas conversaciones de una forma diferente.
Cuando sentís que habéis perdido la conexión
No todas las dificultades de pareja se manifiestan mediante grandes conflictos.
En ocasiones aparece simplemente una sensación progresiva de distancia.
La rutina, el trabajo, la crianza, las responsabilidades y el cansancio pueden hacer que la relación vaya quedando relegada.
La pareja sigue funcionando como equipo para organizar la vida cotidiana, pero cada vez existen menos momentos de conexión, intimidad o disfrute compartido.
Esto no significa necesariamente que la relación esté rota.
Pero si uno o ambos empiezan a sentirse solos dentro de la relación, puede ser importante preguntarse qué está ocurriendo.
Cuando se ha producido una pérdida de confianza
Una infidelidad, una mentira importante o el incumplimiento de determinados acuerdos pueden producir una ruptura de la confianza.
Después de una situación así es frecuente que aparezcan muchas preguntas.
La persona que se ha sentido dañada puede necesitar comprobar, preguntar o buscar explicaciones continuamente. La otra puede sentir que, haga lo que haga, nunca consigue recuperar la confianza.
Pueden aparecer discusiones recurrentes, hipervigilancia, sentimientos de culpa, enfado o miedo a que vuelva a ocurrir.
La terapia de pareja puede proporcionar un espacio para evaluar qué ha ocurrido, comprender las consecuencias que está teniendo y trabajar sobre los cambios necesarios, siempre teniendo en cuenta los objetivos de ambos miembros de la pareja.
Cuando uno pide cambios y el otro siente que nunca son suficientes
Otro patrón frecuente aparece cuando uno de los miembros expresa repetidamente que necesita que algo cambie.
La otra persona puede intentar modificar determinadas conductas, pero sentir que sus esfuerzos no son reconocidos.
Entonces aparecen frases como:
“Da igual lo que haga.”
“Siempre tengo que pedirte lo mismo.”
“Para ti nunca es suficiente.”
“Si no te lo digo, no sale de ti.”
En este punto es fácil que ambos terminen centrados en demostrar lo que el otro está haciendo mal.
El problema es que cuanto más intentamos ganar la discusión, más difícil puede resultar comprender qué necesita realmente cada uno.
Ir a terapia de pareja no significa necesariamente querer continuar juntos
Esta cuestión también es importante.
El objetivo de una terapia de pareja no debería ser mantener una relación a cualquier precio.
Hay parejas que acuden porque quieren mejorar su relación. Otras necesitan valorar si desean continuar. Y en determinadas situaciones el trabajo puede ayudar a gestionar una separación de una manera más adecuada.
Por eso, al inicio del proceso necesitamos conocer qué está ocurriendo y cuáles son los objetivos de cada persona.
El terapeuta no debería decidir por la pareja si tiene que continuar o separarse.
Su función es ayudar a comprender la situación, identificar los patrones que están generando dificultades y facilitar que ambos puedan tomar decisiones y realizar cambios de una manera más consciente.
¿Cómo trabajamos la terapia de pareja en Psicomentis?
En Psicomentis trabajamos la terapia de pareja desde un enfoque cognitivo-conductual.
Las primeras sesiones tienen un componente importante de evaluación.
Necesitamos conocer cómo comenzó la relación, cómo ha evolucionado, cuáles son actualmente las principales dificultades, cómo se producen los conflictos y qué hace cada miembro cuando aparecen.
También prestamos atención a los intentos que la pareja ya ha realizado para solucionar el problema.
Esto es especialmente importante porque, en ocasiones, las soluciones que repetimos una y otra vez pueden acabar formando parte del propio problema.
A partir de esta evaluación podemos establecer junto con la pareja unos objetivos terapéuticos concretos.
Dependiendo de cada caso, el tratamiento puede incluir trabajo sobre comunicación, resolución de problemas, manejo de conflictos, intercambio de conductas positivas, confianza, intimidad, expectativas sobre la relación o modificación de patrones de interacción.
No todas las parejas necesitan trabajar lo mismo.
La terapia de pareja no consiste en buscar culpables
Una preocupación frecuente antes de comenzar es pensar que el terapeuta va a decidir quién está actuando correctamente.
“Seguro que le va a dar la razón.”
“Va a pensar que el problema soy yo.”
Sin embargo, convertir la terapia en un juicio sobre quién tiene la culpa probablemente nos alejaría de aquello que necesitamos comprender.
Puede haber conductas concretas que deban cambiar y responsabilidades que sea necesario asumir. Trabajar sobre la interacción de la pareja no significa considerar que ambos sean responsables de todo en la misma medida.
Pero nuestro objetivo terapéutico es entender qué está ocurriendo y qué necesita modificarse para alcanzar los objetivos que se hayan establecido.
No hace falta esperar a estar al límite
Cuando un problema lleva mucho tiempo presente, es habitual que se hayan acumulado numerosas experiencias negativas.
Una conversación ya no empieza desde cero.
Empieza con el recuerdo de las anteriores.
Por eso una frase aparentemente pequeña puede activar rápidamente enfado, frustración o defensividad.
Pedir ayuda antes no garantiza que el proceso vaya a ser sencillo, pero permite trabajar sobre las dificultades antes de que determinados patrones estén todavía más consolidados.
Quizá no estéis pensando en separaros.
Quizá simplemente os habéis dado cuenta de que últimamente habláis peor, disfrutáis menos juntos o hay un problema que no conseguís resolver.
Eso también puede ser un motivo suficiente para consultar.
¿Estáis pensando en acudir a terapia de pareja?
Si lleváis tiempo intentando solucionar una dificultad y termináis llegando una y otra vez al mismo punto, puede ser útil realizar una primera valoración.
En Psicomentis, centro de psicología en Madrid, trabajamos con parejas que atraviesan dificultades de comunicación, conflictos recurrentes, problemas de confianza y otras situaciones que están afectando a su relación.
Realizamos una primera llamada de valoración de aproximadamente 20–30 minutos para conocer brevemente vuestra situación y orientaros sobre el proceso y el profesional del equipo que pueda adaptarse mejor al caso.
No hace falta esperar a que una relación esté al borde de la ruptura para empezar a cuidar aquello que no está funcionando.