Una de las dudas que escuchamos con frecuencia en consulta es: “¿Lo que me pasa es suficiente como para ir al psicólogo?”
A veces llevamos semanas, meses o incluso años sintiendo que algo no termina de ir bien. Podemos estar más irritables, preocuparnos constantemente, dormir peor, discutir más con nuestra pareja o sentir que situaciones que antes manejábamos ahora nos sobrepasan.
Y, aun así, seguimos esperando.
Esperamos porque pensamos que quizá se nos pase. Porque otras personas tienen problemas más graves. Porque creemos que deberíamos ser capaces de solucionarlo por nuestra cuenta. O porque pensamos que para acudir a terapia tiene que ocurrirnos algo especialmente grave.
Pero no existe un nivel mínimo de sufrimiento que haya que alcanzar para pedir ayuda psicológica.
Ir al psicólogo no significa necesariamente tener un trastorno psicológico. También puede ser una forma de entender qué nos está ocurriendo, aprender nuevas maneras de afrontar una situación o evitar que una dificultad que ahora es manejable termine afectando cada vez a más áreas de nuestra vida.
Entonces, ¿cuándo es recomendable acudir al psicólogo?
No existe una regla que sirva para todas las personas. Sin embargo, hay algunas señales que pueden indicarnos que sería conveniente realizar una valoración psicológica.
1. Cuando el malestar se mantiene en el tiempo
Todos tenemos días malos.
Podemos atravesar momentos de tristeza, ansiedad, preocupación, enfado o frustración sin que eso signifique necesariamente que necesitemos tratamiento psicológico.
Lo importante no es únicamente qué emoción estamos sintiendo, sino cuánto tiempo lleva acompañándonos, con qué intensidad aparece y cómo está influyendo en nuestra vida.
Si llevas tiempo pensando “ya se me pasará” pero el malestar continúa, puede ser un buen momento para detenerte y valorar qué está ocurriendo.
2. Cuando empieza a interferir en tu vida cotidiana
En Psicomentis solemos prestar especial atención a una cuestión: ¿cómo está afectando este problema a la vida de la persona?
Por ejemplo, puedes notar que:
- Te cuesta concentrarte en el trabajo o los estudios.
- Has dejado de disfrutar de actividades que antes te apetecían.
- Evitas determinadas situaciones por miedo o ansiedad.
- Tu descanso ha empeorado.
- Tus relaciones personales se están viendo afectadas.
- Te cuesta desconectar de tus preocupaciones.
- Sientes que necesitas hacer un esfuerzo cada vez mayor para mantener tu rutina.
No hace falta que todas las áreas estén afectadas. En ocasiones, detectar que una dificultad está empezando a limitar una parte importante de nuestra vida ya merece atención.
3. Cuando utilizas cada vez más estrategias para evitar sentirte mal
Cuando algo nos genera malestar, es natural intentar evitarlo.
El problema aparece cuando la evitación empieza a convertirse en nuestra principal forma de afrontamiento.
Podemos dejar de ir a determinados lugares, evitar conversaciones difíciles, posponer decisiones, buscar constantemente tranquilidad en otras personas o intentar controlar todo aquello que nos genera incertidumbre.
A corto plazo estas estrategias pueden producir alivio. Sin embargo, algunas de ellas pueden contribuir a mantener el problema a medio y largo plazo.
En terapia no buscamos simplemente que una persona “deje de sentirse mal”. Intentamos comprender qué está manteniendo el problema y qué cambios pueden ayudar a modificarlo.
4. Cuando el mismo problema se repite una y otra vez
Hay situaciones en las que sabemos perfectamente qué ocurre.
“Siempre termino reaccionando igual.”
“Sé que preocuparme tanto no me ayuda, pero no puedo parar.”
“Sé que debería poner límites, pero cuando llega el momento no lo hago.”
“Mi pareja y yo siempre acabamos teniendo la misma discusión.”
Comprender racionalmente un problema es importante, pero entenderlo no siempre es suficiente para cambiarlo.
Nuestra forma de comportarnos está influida por aprendizajes, emociones, pensamientos, hábitos y por las consecuencias que obtenemos de nuestras acciones. Por eso, en ocasiones sabemos qué querríamos hacer de otra manera y, aun así, seguimos repitiendo el mismo patrón.
La terapia puede ayudarnos a analizar ese funcionamiento y trabajar sobre él de una manera estructurada.
5. Cuando estás atravesando una situación difícil y necesitas herramientas para afrontarla
No todos los motivos de consulta tienen que ver con problemas que llevamos arrastrando durante años.
También podemos necesitar apoyo psicológico ante determinadas circunstancias vitales: una ruptura, un duelo, dificultades laborales, problemas familiares, cambios importantes, una enfermedad, dificultades durante la maternidad o paternidad o una etapa de especial sobrecarga.
En estos casos, acudir al psicólogo no significa que estemos afrontando mal la situación.
Puede significar simplemente que queremos disponer de más recursos para atravesarla.
6. Cuando tus relaciones empiezan a verse afectadas
Nuestro malestar no ocurre de forma aislada.
Cuando estamos preocupados, agotados, ansiosos o desbordados es frecuente que esto termine apareciendo también en nuestras relaciones.
Podemos estar más irritables, aislarnos, necesitar constantemente la tranquilidad de los demás o entrar en discusiones que parecen repetirse sin encontrar una solución.
En otras ocasiones, el propio motivo de consulta está relacionado directamente con una relación: problemas de comunicación, pérdida de confianza, dificultades para establecer límites, conflictos familiares o problemas de pareja.
Identificar estos patrones y aprender nuevas formas de relacionarnos puede formar parte del trabajo terapéutico.
“Pero mi problema no es tan grave como el de otras personas”
Comparar nuestro sufrimiento con el de los demás suele ser una mala medida para decidir si necesitamos ayuda.
Siempre podremos encontrar a alguien atravesando una situación aparentemente más difícil.
La pregunta quizá no sea:
“¿Mi problema es suficientemente grave?”
Sino:
“¿Esto está afectando a mi bienestar o a la vida que quiero llevar?”
Si la respuesta es sí, merece la pena prestarle atención.
Tampoco todo malestar necesita terapia
Esto también es importante.
Sentir tristeza después de una pérdida, nervios ante una situación importante, preocupación ante un problema real o frustración cuando algo no sale como esperábamos forma parte de la experiencia humana.
El objetivo de la psicología no debería ser eliminar cualquier emoción desagradable.
Por eso, antes de comenzar un tratamiento es importante realizar una evaluación individual de cada caso. Hay personas que pueden necesitar un proceso terapéutico y otras para las que unas primeras orientaciones, determinados cambios o incluso otro tipo de profesional pueden resultar más adecuados.
¿Qué ocurre cuando contacto con un psicólogo por primera vez?
Es normal que exista cierta incertidumbre antes de pedir ayuda.
¿Qué tengo que contar? ¿Cómo sé qué psicólogo necesito? ¿Y si ni siquiera sé explicar exactamente qué me ocurre?
No necesitas llegar con todas esas respuestas.
En Psicomentis, nuestro centro de psicología en Madrid, realizamos una primera llamada de valoración de aproximadamente 20–30 minutos. El objetivo es conocer brevemente qué está ocurriendo, qué necesitas y qué esperas encontrar en terapia.
A partir de esa información podemos orientarte y valorar qué profesional del equipo puede adaptarse mejor a tu caso.
Después, durante las primeras sesiones, se realiza una evaluación más detallada. Desde nuestro enfoque cognitivo-conductual buscamos comprender no solamente los síntomas, sino también qué factores pueden haber originado el problema y, especialmente, cuáles pueden estar manteniéndolo actualmente.
Esto permite establecer objetivos terapéuticos concretos y plantear una intervención adaptada a cada persona.
Pedir ayuda antes de llegar al límite
No necesitamos esperar a que una situación sea insoportable para ocuparnos de ella.
A veces acudimos a terapia después de haber probado durante mucho tiempo diferentes maneras de solucionar el problema por nuestra cuenta. Otras veces simplemente empezamos a notar que algo está cambiando y queremos entenderlo antes de que vaya a más.
Ambas situaciones son válidas.
Si llevas un tiempo preguntándote si deberías ir al psicólogo, esa propia duda puede ser una buena oportunidad para explorar qué está ocurriendo.
En Psicomentis podemos realizar contigo una primera llamada de valoración para conocer tu situación y orientarte sobre los siguientes pasos.
No necesitas saber exactamente qué te pasa para empezar a hablar de ello.